“ El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que ha ocurrido ”
- George Bernard Shaw
Cuando el Silencio se Vuelve un Obstáculo
Imagina esta escena: Laura, una profesional comprometida, lleva meses trabajando con ilusión en un proyecto. Ha invertido horas, energía y creatividad. Cuando finalmente lo presenta a su jefe, espera una sonrisa, una palabra, una señal de reconocimiento. Pero lo único que recibe es un escueto “bien, gracias”. Días después, alguien le comenta que su trabajo “no era lo que se esperaba”. Nadie se lo dijo directamente, nadie le ofreció la oportunidad de mejorar o de entender. Y ese silencio, más que cualquier crítica, deja una huella.
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Has sentido alguna vez que no sabes si lo estás haciendo bien o si podrías hacerlo mejor? La falta de feedback -o el feedback mal gestionado- es una de las principales fuentes de frustración en los equipos de trabajo. Duele no saber. Duele sentir que tus esfuerzos no se ven o que solo se recuerdan tus errores. Pero también, en el otro lado, muchas personas temen dar feedback porque no quieren herir, incomodar o provocar rechazo.
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