“ Las emociones son la fuerza más poderosa del mundo ”
- Nelson Mandela
Cuando el Corazón Entra en la Oficina
Aquella mañana, Laura llegó a la reunión con los ojos ligeramente enrojecidos. Nadie dijo nada, pero todos lo notaron. Ella, que siempre tenía una sonrisa lista para abrir el día, apenas levantó la mirada de su cuaderno. Había algo distinto, algo que no encajaba en el ritmo habitual del equipo. Y sin embargo, ocurrió lo más humano: nadie sabía si acercarse, callar o fingir normalidad. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Esa sensación de caminar sobre hielo fino porque las emociones de alguien están ahí, flotando en el ambiente, sin pedir permiso?
Durante años se nos enseñó que las emociones debían quedarse “en casa”, como si pudieran descolgarse del cuerpo y esperar tranquilas hasta que terminara la jornada. Pero la realidad es otra: las emociones trabajan con nosotros, se sientan a nuestro lado, responden correos, participan en reuniones, atraviesan situaciones difíciles o celebran los logros con un brillo en los ojos. Las emociones hablan, aunque a veces no sepamos traducirlas.
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