“ La culpa es un veneno que bebemos esperando que otros mueran ”
- Malachy McCourt
Cuando Dejar de Culpar se Convierte en un Acto de Liberación
Quizá te haya pasado alguna vez. Estás terminando un día largo, lleno de reuniones, mensajes, urgencias que aparecieron sin avisar. Coges aire, miras el reloj y piensas que, a pesar de todo, has hecho lo mejor que has podido. Y entonces suena una notificación. Un correo inesperado. Alguien pregunta por ese informe que no llegó a tiempo, por aquella tarea que avanzó más lenta de lo previsto, o simplemente lanza una pregunta inocente, pero que en un segundo se convierte en un interrogatorio silencioso: ¿de quién fue la culpa?
En ese instante, de manera casi automática, aparece un viejo conocido: el impulso de justificarnos, de buscar un fallo en otro, de protegernos. A veces lo hacemos sin darnos cuenta. Otras veces, porque hemos aprendido que asumir responsabilidad puede costar caro. Pero en cualquier caso, esa reacción defensiva nos desconecta. Nos separa del equipo, de la solución y, sobre todo, de nosotros mismos.
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