“ La libertad no consiste en hacer lo que queremos, sino en tener el derecho de hacer lo que debemos ”
- Abraham Lincoln
Cuando Las Reglas Cuentan Una Historia Que no Vemos
Hay historias que parecen pequeñas, casi invisibles, pero que nos cambian para siempre. Recuerdo a un niño -podría haber sido cualquiera de nosotros- que en su primer día de colegio se encontró con una lista de normas pegada en la pared. Las miró con un gesto de disgusto, frunciendo el ceño, como quien observa algo impuesto y extraño. “¿Por qué tantas reglas?”, murmuró. Su profesora, con la paciencia suave de quien comprende más allá de las palabras, le respondió: “Para que todos podamos aprender sin miedo”.
Esa frase, tan sencilla, suele olvidarse cuando crecemos. De adultos, las reglas se vuelven una especie de sombra incómoda que nos sigue en el trabajo, en la sociedad, incluso en casa. A veces las sentimos como un recordatorio de lo que “no podemos hacer”. Otras veces, como un límite que molesta, que aprieta, que nos dice que alguien -un sistema, un jefe, una organización- no confía lo suficiente.
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