“ La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia ”
- John Ruskin
Cuando la Excelencia Deja de Ser un destino y se Convierte en Una Forma de Estar en el Mundo
Imagina por un momento que estás en la pista de atletismo. No como espectador, sino como corredor. Sientes el tartán bajo tus pies, el estómago recogido, la respiración afinándose como un metrónomo. A tu derecha y a tu izquierda hay otros corredores: empresas de todos los tamaños, personas con sueños enormes, equipos que llevan meses entrenando para este instante. El disparo todavía no ha sonado, pero el verdadero trabajo -el que no se ve- empezó mucho antes de que llegaras a esta línea.
Las organizaciones viven algo parecido. Pueden desear la excelencia, visualizarla, incluso planificarla… pero no basta con querer ganar la carrera. Se necesita método, disciplina, claridad y, sobre todo, una profunda comprensión de lo que significa mejorar cada día. Ese es precisamente el espíritu del Modelo EFQM: una invitación a dejar atrás la improvisación y abrazar un camino de transformación consciente y sostenida.
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