“ No es el cambio lo que duele, sino la resistencia al cambio ”
- Buda
Cuando Algo Dentro de Nosotros se Resiste Sin Avisar
Dicen que el cambio empieza con una decisión. Que basta con proponérselo, con hacer una lista de objetivos, con tener disciplina y motivación. Suena bien… hasta que llega la mañana en la que, a pesar de tu propósito firme, vuelves a repetir lo de siempre. Y te preguntas: “¿Por qué, si de verdad quiero cambiar, sigo actuando igual?”
Quizá te reconozcas en esta escena: una persona que anhela avanzar, que se promete cuidar más su salud, poner límites, emprender, estudiar algo nuevo o dejar atrás una forma de vivir que ya no le encaja. Sin embargo, cada intento de cambio parece chocar contra un muro invisible. Un muro silencioso, interno, que no se ve desde fuera pero se siente profundamente dentro.
Yo también he estado ahí -y probablemente tú, en más de una ocasión-. Porque la verdad es que no fallamos porque seamos débiles, ni porque no queramos lo suficiente. Fallamos porque dentro de nosotros existe un mecanismo poderoso, sofisticado y profundamente humano: la inmunidad al cambio.
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