“ La única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que haces ”
- Steve Jobs
Cuando el Cambio Llama, También Despierta Emociones
Imagina por un momento que llegas a tu lugar de trabajo una mañana cualquiera. El mismo aroma del café, los mismos compañeros saludando en el pasillo, el mismo escritorio esperándote. Todo parece en calma, hasta que recibes un correo inesperado: “A partir del próximo mes, iniciaremos un proceso de transformación que afectará la estructura, los procesos y las herramientas con las que trabajamos.” En apenas unas líneas, el día que parecía rutinario se convierte en un torbellino de sensaciones. Quizá sientes curiosidad, quizá esperanza… pero también inquietud, miedo, resistencia. Y lo más curioso es que no eres la única persona: a tu alrededor, la energía cambia. Hay quien hace preguntas, quien guarda silencio, quien bromea para aliviar la tensión, quien se pone a la defensiva o quien simplemente se repliega en sí mismo.
La resistencia al cambio no es un fallo humano, ni un signo de falta de compromiso. Es una reacción profundamente natural, casi automática, que emerge cuando algo -lo que sea- amenaza el equilibrio que conocemos. A veces, incluso cuando deseamos mejorar, aparece una fuerza interna que nos frena. Una voz -sutil o ruidosa- que nos dice: “¿Y si sale mal? ¿Y si pierdo algo que valoro? ¿Y si no estoy preparado?” Esta reacción puede aparecer tanto en la vida personal como en el mundo profesional, pero cuando ocurre dentro de una organización, el impacto es mayor y más visible, porque se multiplica entre equipos, roles, expectativas y emociones que conviven todos los días.
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